jueves, 5 de agosto de 2021

Margaritas blancas comunes o murales

Otra de las mejores plantas con flores blancas para el jardín es sin duda la típica margarita, con el centro amarillo o anaranjado. Si quieres iluminar tu jardín con plantas con flores de colores claros también es buena idea buscar las que sean tupidas, es decir que tengan gran cantidad de flores juntas. Precisamente, las margaritas son tupidas, aunque según el tipo las hay que lo son más o menos y las hay con las flores más grandes o pequeñas. Además, con esta planta atraerás a insectos buenos para las plantas y que alegran el jardín, como las abejas y las mariposas, así como a algunos pájaros pequeños.

Recomendamos plantar margaritas arbustivas si es para el suelo, pues se forma un arbusto de flores blancas muy bonito, pero otros tipos de margaritas comunes o murales si son para macetas, aunque sean grandes. Son plantas resistentes, por lo que puedes tenerlas al sol o a la sombra como prefieras y conviene regarlas con cierta periodicidad si queremos que crezcan hermosas, aunque aguantan bien las temporadas de sequía.

La margarita es una preciosa flor decorativa que transmite frescura, alegría y armonía allá donde se ubica, uno de los mejores ejemplares de plantas de nuestro país para decorar sin duda alguna.

Esta reconocidísima planta tiene una belleza natural que pronto viene a la mente de cualquiera: unas plantas de entre 25 y 70 centímetros de alto con una flor de hasta 15 centímetros de diámetro con preciosos pétalos alargados en color blanco, naranja, rojo o rosáceo con un botón central amarillo o anaranjado.


Pero lo mejor es sin duda la facilidad de su cultivo, y es que esta planta es lo bastante resistente como para mantenerse perfecta con unos pocos cuidados.

¿Cómo cuidar las margaritas?


Aunque al principio todas las variedades de la planta necesitan un riego diario generoso (las amarillas y reinas algo menos), cuando la planta ya es adulta, hay que regar las margaritas de dos a tres veces por semana en verano y tan sólo una vez cada quince días en invierno.

En general son ejemplares que precisan estar bajo el sol a unas temperaturas de entre 15 y 25 grados, aunque algunas variedades (como la margarita arbustiva, una de las más comunes) pueden soportar temperaturas sensiblemente más bajas e incluso adaptarse a la semisombra.

La tierra en que se cultiva debe ser rica en materia orgánica y con un buen drenaje, pues la margarita se ahoga con el estancamiento de agua en las raíces y puede morir.

En cuanto a su floración en primavera, lo mejor es aportar algún suplemento vitamínico a la tierra con un buen fertilizante que favorezca su desarrollo; podarla en otoño, tras la floración de las épocas cálidas puede servir para que la planta se revitalice y salgan en ella nuevos brotes que florecerán durante la siguiente primavera.

Aunque estamos más bien acostumbrados a verlas en ramos o en macetas (donde alcanzan hasta los 50 centímetros), estas plantas pueden llegar a medir hasta dos metros de altura si son cultivadas en el exterior.

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